"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

miércoles, 25 de septiembre de 2013

CAPITULO 8: Fin de la Fiesta

-Se llama Roberto, empezó Rebeca, tiene nuestra edad… más bien, mi edad, corrigió recordando que de entre ellos era la única que alcanzaba los 17 años, es guapo, alto, está muy bueno…, lo último lo dijo mordiéndose el labio. Tenía unos ojos preciosos, castaños, enormes…, Rebeca siempre solía fijarse en los ojos de la gente y los de ese chico dejaron huella.
-¿Te liaste con él?, quiso saber Paloma.
-Qué va, respondió.
                En aquel momento, la mirada asesina de Paloma se posó sobre Rebeca. Siempre decía que estaba sola, que necesitaba a alguien… pero más de un chico ya la había pedido salir. Ella decía que no, ya que no sentía lo mismo por ellos. Gracias a repetir aquel proceso se ganó el apodo de “La Imposible”. No le agradaba aquello puesto que la decían que suscitaba el morbo entre los chicos. Se hizo una promesa unos años antes: sólo saldría con alguien que realmente le gustara. Y lo había mantenido hasta el punto que no había tenido una cita en su vida. Esto último la deprimía, e incluso, llegaba a provocarla temor.
-Bueno…, siguió, nos dimos más de un pico, pero sólo fue jugando a verdad o atrevimiento. Además, vive en Alicante.
                Esa noche, fue la más extraña de su vida. Y el hecho de que bebiera tres whiskys con Coca Cola y una cerveza había influido.
                Se levantaron y continuaron hasta Alonso Martínez. A Paloma, se le ocurrió una idea: llamar a Manuel, el “Chico Chatroulette”. Eran casi las dos y media de la madrugada, y a él no le hizo mucha gracia la llamada. Apenas hablaba, se mostraba hostil. Al final, todos hablaron con él… o ellos le hablaron a él.
                Al cabo de un tiempo, llegaron dónde querían. Estaba tan vacío, tan solitario que no les gustó la idea de quedarse. ¿Y los bares? ¿Y la gente? ¿Y la marcha? Todo mentira. Echaron a andar hasta acabar en el barrio de Chueca. Como no tenían nada que hacer, volvieron a Sol. Mientras caminaban por Montera, la gente que repartía publicidad las llamaba de todo: de bonitas hasta prostitutas. Decidieron pasar, ya que la “escolta”, formada por Lucas, no parecía importarle los insultos que les dedicaban. Elisa y él, llegaron a tener miedo, por lo que suplicaron volver a casa.
                A Hannah, Paloma y Rebeca se les pasó una idea por la cabeza: ¿Qué casa? Se suponía que estaban durmiendo en casas ajenas. Y creían que la fiesta iba a durar toda la noche, pero al parecer se equivocaron.
                A Paloma se le ocurrió algo: hacer la acampada en su jardín, la idea original. Tenían cuatro sacos de dormir en el desván del edificio de ésta, en caso de que algo fallase. Como en aquel momento. Pidieron dos taxis: uno que llevara a Elisa a su casa y otro que llevase a los demás a casa de la chica.

                El taxista de Elisa le producía miedo, por lo que la llamaron durante el trayecto hasta que llegó sana y salva. Lo más difícil estaba por llegar.

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