"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

lunes, 30 de septiembre de 2013

CAPITULO 13: ¡Sorpresa!

Era domingo, Hannah y Paloma andaban por la calle. La desconocían así que caminaron en línea recta con la cabeza bien alta. Cuando de verdad estuvieron completamente perdidas, se dignaron a llamar a Lucas. Tras unos segundos, saltó el buzón de voz.
- No responde, dijo Paloma.
-¿Qué hacemos?
-Se me ha ocurrido algo…
                Por suerte Paloma siempre tenía una solución alternativa. Aunque esta, y lo debía reconocer, no era brillante.
-¿El qué?
-Llamar a Alejandro.
                Alejandro era un amigo de tenis de Lucas. Era un crío, se portaba como un crío, y aparentaba ser un crío. En este caso, las apariencias no engañaban. Le llamaron y lo cogió. Como no había cambiado, el niño no dejaba de tomarlas el pelo e insultarlas. Sin duda, a ese, madurez no le sobraba. Al no haber conseguido nada, volvieron a llamar a Lucas, que por suerte, lo cogió.
-¡Lucas! ¿Dónde está tu casa?
-¿Mi casa? ¿Para qué queréis saberlo?
-Tú dímelo.
                Les dio su dirección, sin saber la razón. Se acababa de levantar de la siesta y no era muy consciente de lo que hacía ni decía. De repente, otra llamada:
-Lucas, estamos en la puerta de tu casa, dijo Paloma.

                Colgó sin llegar a creérselo. Abrió la puerta… y vio a las dos chicas. Le sonreían, interesadas.

domingo, 29 de septiembre de 2013

CAPITULO 12: El esperado desayuno.

Llegaron al local. Había gente limpiándolo. Preguntaron al encargado si ya podía pasar. Les contestó con un rotundo: “Abrimos a las 9”. ¿A las 9? ¿Y qué iban a hacer hasta las 9? Hacía frío como para quedarse fuera esperando y se negaban a volver al jardín, por miedo a que les descubrieran. Paloma, que por suerte conocía bien la zona, dijo de ir al Vips, pero se encontraron en la misma situación. Siguieron andando con el fin de encontrar una cafetería abierta a aquella hora. Por suerte, una panadería estaba en esas condiciones. Corrieron, muertos de hambre. Hannah y Rebeca eligieron los bollos más grandes y con más chocolate que encontraron. En cambio, Paloma y Lucas optaron por esperarse a que el Vips abriera. Se sentaron en un banco y degustaron y compartieron los manjares comprados.
                Eran casi las 9 cuando se decidieron a andar hacia el Vips, calculando que llegarían justo a tiempo. Aún así, tuvieron que esperar como las fans esperan al concierto de su grupo favorito. Finalmente abrieron el condenado restaurante y entraron. Lucas y Paloma se pidieron el desayuno y un zumo de naranja, las otras dos se conformaron con un vaso de agua para saciar la sed que les provocó el bollo.
Pagaron y se fueron.
-Tengo que ir a Plaza Castilla para reunirme con mi profe de tenis, dijo Lucas.
-Pues mi madre no viene a recogerme hasta las 10 y media a casa de Paloma, objetó Hannah.
-Hacemos una cosa: Acompañamos a Lucas y volvemos a mi casa para que te recoja tu madre.
-Yo tendría que irme ya, se lo prometí a mis padres, soltó Rebeca.
                 Se despidieron de Rebeca, y se fueron como acordaron. Llegaron a la plaza, el profesor de tenis no tardó en llegar. Las únicas que quedaban emprendieron la marcha.
-Pensé que nos iban a pillar…, dijo Paloma.
-Ya ves, y yo. No creí que nos fuera a salir tan bien el plan.
-¡Éxito!, se exclamaron chocando los 5.
-¿Y qué tal con Lucas?

-Bien. Digamos que la noche estuvo bien, dijo Hannah añadiendo una sonrisa mientras recordaba lo que había pasado. No le importaría volverlo a repetir algún día.

CAPITULO 11: Una noche movidita.

Se acomodaron poniendo dos sacos de dormir abiertos de base y los otros restantes de manta. No se habían dado cuenta del frío que hacía esa noche hasta que se tumbaron. Los únicos que no lo sintieron fueron Lucas y Hannah, que se habían tumbado el uno al lado del otro y se cogieron de la mano. Luego, ella apoyó su cabeza sobre el pecho del chico y se quedaron así gran parte de la noche. De vez en cuando, se detectaba algún movimiento extraño y Paloma lo sufría la primera: estaba junto a los dos tortolitos. Más de una vez levantó la manta, vigilando lo que hacían aquellos dos, para evitar cualquier tipo de trauma.
                Rebeca, intentando entretenerse, estuvo haciendo preguntas a su amiga sobre el verano. Así, por lo menos, su atención no se centraba en las acciones de los otros. Esa noche se sinceraron la una con la otra, como en años anteriores. Rebeca la había echado mucho de menos durante estos meses.
                Hannah estaba feliz. Se estaba tan bien, ahí. No sentía el frío, que más de una vez señalaron los demás. Era cómodo y cariñoso. La acariciaba sin cesar, suavemente. No hubo palabras durante esos momentos. Oía las voces lejanas de sus amigas, pero se concentraba en la respiración de su acompañante. Y pensar que podría ser así, si tuvieran una relación. Luchaba por ella, pero Lucas no ponía de su parte, y eso, entre otras cosas, la frenaba o, incluso, la echaba para atrás. Pero buscaba la faceta de novio en aquel chico, y por fin, aquella noche, la encontró. Era perfecto. Abrazados en un jardín, en plena noche. Sólo existían ellos dos. Y, pensar que podría ser así todos los días. Por muy egoísta que fuera, siempre tenía una sonrisa en la cara. Era sensible y romántico cuando se lo proponía. Sería un buen novio.
                Eran las 6 de la mañana, y todavía no había amanecido. Algo que les resultó extraña a todos los presentes. Terminaron por echar una cabezada, de cómo mucho media hora. Cuando abrieron los ojos, el cielo ya estaba bastante más claro, pero no había ni rastro del sol. Se quedaron hablando otro rato, esta vez, todos con todos. La sesión de mimos había prescrito.
                Sobre las 8 y cuarto, se levantaron, recogieron el campamento, lo dejaron dónde lo había cogido.
-Podemos ir al Dunkin Donuts, está aquí al lado.

Fueron dando un paseo. El fresco de la mañana les hacía preguntarse por qué demonios no se había cogido una chaqueta antes de salir de casa.

sábado, 28 de septiembre de 2013

CAPITULO 10: Un lugar dónde dormir.

Se plantaron en el portal de casa de Paloma.
-Hay que bajar a por los sacos de dormir, dijo Hannah.
                Encendieron las luces y bajaron unas escaleras. En un rincón, estaba lo que buscaban. De repente las luces se apagaron.
-Vamos a morir, bromeó Lucas, que aunque no quería aparentarlo, estaba muy asustado.
                El sitio estaba muy oscuro y el hecho de que fuera un edificio viejo, lo hacía mucho más terrorífico. Paloma, se resolvió por encender la linterna del móvil. Todo un hito por su parte.
Cogieron lo que necesitaron y salieron intentando hacer el menor ruido. Justo al lado del portal, una puerta rodeada de verjas daba al esperado jardín. La anfitriona cayó en que no tenía las llaves. Mierda. ¿Qué iban a hacer sin lugar dónde dormir? ¿Volver al parque? Demasiados borrachos. ¿Ir a Sol? Demasiado tarde pues eran las 4 de la mañana. Paloma lideró el grupo y fue la primera en saltar la valla. Seguida de Hannah, de Rebeca y finalmente, Lucas. Había un pasillo que les llevaba a su ansiado destino, pero fue dar un paso y que se encendiera la luz con sensor de movimiento del edificio vecino. No debían llamar la atención por lo que se pegaron al muro que les separaba de aquel dichoso invento y pasaron. Parecían una especie de espías.
Por fin llegaron a la hierba. Que era más bien un descampado. El jardín tenía como límite una casa, cuyas ventanas daban justamente al paradero de los 4. Avanzaron más y un muro demasiado bajo les separaba de que les pillaran. Cada uno con un saco, los pusieron de tal manera a que el pequeño muro les sirviera como escondrijo. No podían hablar más que a susurros, ya que si hablaban más alto, despertarían a los vecinos. No les apetecía que les llamaran ocupas y trajeran a la policía.

                Eran las 4 de la mañana y les esperaba una larga “noche”.

CAPITULO 9: Confesiones.

El taxi les dejó cerca de casa de Paloma, ya que se temían que su madre andaba por ahí. Los estómagos rugían.
-¿Vamos al chino?, propuso la anfitriona. A pillar algo de comer.
                No se negaron. ¡Se morían de hambre! Dieron un rodeo y llegaron dónde querían… pero estaba cerrado. ¿Un chino cerrado? ¿De verdad? Nunca se había visto. Nunca.
-Pues vamos al 24h, ese no hay duda de que está abierto, Paloma volvió a salvar la situación.
                Pusieron rumbo al sitio indicado. Anduvieron alrededor de media hora, pero finalmente llegaron. Se compraron cada uno una cosa y emprendieron la marcha hacia casa de la chica. Pasaron por el Santiago Bernabéu etc, haciendo un tour turístico por el centro. Rebeca recordó la sorpresa de cumpleaños que Arya y Paloma le prepararon: la metieron en un coche con los ojos vendados y la condujeron hasta un restaurante ambientado de Grease dónde estaban todos sus amigos. Fue una grandísima sorpresa que la hizo muy feliz. Lucas y Rebeca se quedaron más atrás, hablando, mientras las otras dos seguían haciendo payasadas y locuras.
-¿Qué haces que no estás con Hannah? Aprovecha, que esta es vuestra noche.
-He estado todo lo que llevamos de noche con ella.
-¿Qué te pasa?
-No quiero nada serio. No busco algo así. Después de lo de Beatriz…
                Beatriz era su ex. Le estuvo engañando durante dos meses con su ex novio. Le montó una escenita y le pidió que volvieran, pero Lucas no iba a cometer el mismo error.
-Entiendo.
                Se reunieron, y fueron todos juntos, hablando y haciendo tonterías: el alcohol les animaba. Vieron un parque infantil. Hannah y Lucas fueron directos a los columpios, mientras que Paloma y Rebeca se sentaron en un banco.
-Harían muy buena pareja, constató Paloma.
-Lo sé, pero parece que no quieren estar juntos.
-Es una pena.
                Unos gritos de unos hombres les alertaron: se acercaban borrachos, y no eran precisamente niños. Hannah propuso de irse ya a dormir al jardín de Paloma. Los demás no objetaron nada. Se marcharon en sumo silencio para que los visitantes no les descubrieran.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

CAPITULO 8: Fin de la Fiesta

-Se llama Roberto, empezó Rebeca, tiene nuestra edad… más bien, mi edad, corrigió recordando que de entre ellos era la única que alcanzaba los 17 años, es guapo, alto, está muy bueno…, lo último lo dijo mordiéndose el labio. Tenía unos ojos preciosos, castaños, enormes…, Rebeca siempre solía fijarse en los ojos de la gente y los de ese chico dejaron huella.
-¿Te liaste con él?, quiso saber Paloma.
-Qué va, respondió.
                En aquel momento, la mirada asesina de Paloma se posó sobre Rebeca. Siempre decía que estaba sola, que necesitaba a alguien… pero más de un chico ya la había pedido salir. Ella decía que no, ya que no sentía lo mismo por ellos. Gracias a repetir aquel proceso se ganó el apodo de “La Imposible”. No le agradaba aquello puesto que la decían que suscitaba el morbo entre los chicos. Se hizo una promesa unos años antes: sólo saldría con alguien que realmente le gustara. Y lo había mantenido hasta el punto que no había tenido una cita en su vida. Esto último la deprimía, e incluso, llegaba a provocarla temor.
-Bueno…, siguió, nos dimos más de un pico, pero sólo fue jugando a verdad o atrevimiento. Además, vive en Alicante.
                Esa noche, fue la más extraña de su vida. Y el hecho de que bebiera tres whiskys con Coca Cola y una cerveza había influido.
                Se levantaron y continuaron hasta Alonso Martínez. A Paloma, se le ocurrió una idea: llamar a Manuel, el “Chico Chatroulette”. Eran casi las dos y media de la madrugada, y a él no le hizo mucha gracia la llamada. Apenas hablaba, se mostraba hostil. Al final, todos hablaron con él… o ellos le hablaron a él.
                Al cabo de un tiempo, llegaron dónde querían. Estaba tan vacío, tan solitario que no les gustó la idea de quedarse. ¿Y los bares? ¿Y la gente? ¿Y la marcha? Todo mentira. Echaron a andar hasta acabar en el barrio de Chueca. Como no tenían nada que hacer, volvieron a Sol. Mientras caminaban por Montera, la gente que repartía publicidad las llamaba de todo: de bonitas hasta prostitutas. Decidieron pasar, ya que la “escolta”, formada por Lucas, no parecía importarle los insultos que les dedicaban. Elisa y él, llegaron a tener miedo, por lo que suplicaron volver a casa.
                A Hannah, Paloma y Rebeca se les pasó una idea por la cabeza: ¿Qué casa? Se suponía que estaban durmiendo en casas ajenas. Y creían que la fiesta iba a durar toda la noche, pero al parecer se equivocaron.
                A Paloma se le ocurrió algo: hacer la acampada en su jardín, la idea original. Tenían cuatro sacos de dormir en el desván del edificio de ésta, en caso de que algo fallase. Como en aquel momento. Pidieron dos taxis: uno que llevara a Elisa a su casa y otro que llevase a los demás a casa de la chica.

                El taxista de Elisa le producía miedo, por lo que la llamaron durante el trayecto hasta que llegó sana y salva. Lo más difícil estaba por llegar.

lunes, 23 de septiembre de 2013

CAPITULO 7: Alcohol.

Se acomodaron en el único sitio que quedó libre. Estaba lleno, no cabía ni un solo alfiler. Pidieron la cerveza prometida. Como era un vaso enorme, tuvieron que beber con pajitas. Hicieron retos para ver quién aguantaba más bebiendo. Cuando comenzaron, el líquido hacía que les ardiera la garganta y fueron cayendo: en primer lugar Hannah, que no era muy dada a beber, después Elisa, que tampoco ingería mucho alcohol, luego Paloma puesto que la garganta comenzó a quemarle, a continuación Rebeca, que después de los primeros tragos no sentía la garganta, y por último y proclamado vencedor de la noche, Lucas. La cerveza empezó a subirles muy rápido a la cabeza. Sentían que el simple acto de ponerse en pie era toda una tarea. Paloma y Rebeca se enfrentaron a esa pequeña dificultad y fueron a buscar los chupitos.
-¡De vodka negro!, exigió Rebeca.
                Paloma no le convenció la idea, ni al grupo cuando los llevaron a la mesa. Pero cambiaron de opinión en cuanto se los bebieron de un trago. Sabor dulce y más suave que los demás licores, entraba fácilmente por lo que podría ser traicionero.
                Rebeca descubrió ese néctar de los dioses, cuando se fue con su amiga Flama a Cádiz. Salían prácticamente todas las noches y, en una de éstas, les sugirieron chupitos de vodka negro. Quedaron encantadas y a partir de aquella noche, siempre lo pedían. Hacía tan sólo unos días de su regreso, les gustó tanto el viaje que Flama y ella prometieron repetirlo el año que viene. Esperaban que se llenara más de gente de su edad, especialmente de chicos, puesto que cada vez que salían a la playa, con el fin de hacer nuevas amistades, tan sólo encontraban jubilados. Aunque Rebeca conoció a alguien…
                Se levantaron del sitio como pudieron y se marcharon del local. Decidieron seguir hacia Alonso Martínez, para ver si había suerte y les invitaban a otra ronda. Todos los presentes se sentían mareados, se sentaron en unos bancos que encontraron y se relajaron. La calle estaba en absoluto silencio. Rebeca decidió revelarles lo que ocurrió en Cádiz. El alcohol era para ella una especie de suero de la verdad.
-¿Sabéis qué? Conocí a alguien en Cádiz. Se llama Roberto.

                Sus amigas no entendían a qué se debía esa repentina confesión pero no la interrumpieron.

CAPITULO 6: Dulce tentación.

Salieron de la boca de Metro de Sol. Escribieron un: “¿Dónde estás?” a Lucas, al que respondió: “En el Corte Inglés”. Pusieron rumbo pero por el camino, un par de hombres, de unos treinta años, empezaron a decirles cosas un tanto obscenas. Ellas, les miraron con desprecio y algo atónitas y siguieron su camino. Odiaban que hicieran aquello, e incluso, llegaban a aterrarlas.
                Llegaron al punto de encuentro, pero ni rastro de Lucas. Al final, fue él quien las encontró a ellas. Saludó a todas con dos besos y empezaron a caminar. Una mujer les paró.
-¡Hola chicos! ¡Las bebidas están a 3,50 € y os invitamos a cachimba! ¿Os apuntáis?
                Se miraron entre sí y terminaron asintiendo. La siguieron hasta el local. Se sentaron y pidieron algo de beber. Todas las bebidas que querían llevaban alcohol, por lo que les pidieron el DNI.
-Se nos ha olvidado, dijo Paloma mientras le lanzaba al camarero una mirada de cordero degollado.
                No cuajó, por lo que se conformaron con mojitos sin alcohol y una enorme cachimba de sabor no identificado. Poco después llegó Elisa.
                Era una chica rubia con el pelo bastante largo, ojos verdes y sonrisa tímida. Su rostro era adorable. Era más alta que Rebeca, delgada y con los mofletes repletos de pecas. Se conocían desde el año pasado, cuando estuvieron en la misma clase. Era muy maja, pero cuando se enfadaba de verdad… mejor no enfadarla. El resto del tiempo era muy dulce. Tenía un chico, llamado John, a sus pies, que fue a España tan sólo para estar con ella… aunque no llegó a pasar nada.
                Comenzaron a hablar hasta llegar a sus notas de selectividad. Ninguno de los presentes estaba contento con la suya, incluso se organizaron para inscribirse al paro, que dada la situación de España, era lo que les aguardaba.
                Salieron del local sin un rumbo en concreto. Se decantaron por ir a Alonso Martínez a pie, ya que les habían dicho que era dónde más ambiente habría. Nada más llegados a Tribunal, una chica les ofreció una jarra de 2 litros de cerveza que saldría a 2 € por cabeza y unos chupitos gratis. No dudaron en aceptar.
                Por el camino, la chica les preguntó por la edad.
-18, dijo Rebeca bastante rápido. No estaba acostumbrada a mentir.

                Los demás asintieron, sin comprender lo que la chica dijo. Lucas y Hannah iban un poco a su aire: de la mano, él pasando el brazo por la cintura de ella… En resumidas cuentas, tonteando. Era el propósito de Paloma esa noche. Ese y que su madre no la pillara.

domingo, 22 de septiembre de 2013

CAPITIULO 5: Adiós sufrimiento.

Arya se tumbó en la cama. Acababa de montar a caballo y estaba agotada. Lacero, su potro, siempre se alegraba de verla, por eso ella no podía estar un solo día sin ir a verle. Aunque tuviera examen el día siguiente o llena de deberes o hubiera quedado con sus amigas. Nada podía impedir que se lo perdiera. Además, los concursos llegaban en otoño y debía entrenar mucho si quería ganarlos, como había hecho siempre.
                Se acomodó y cogió su móvil. Le apetecía hablar con él. Con Sergio. Aquel que cuando ella rompió con su novio estuvo ahí. Aquel que la hacía sentir tan especial. Aquel con quien la había compartido todo… Aquel con quién compartió su primera vez. Aquel chico de 19 años que la tenía loca. Pero ¿Qué eran? Más de una vez se lo había preguntado y siempre obtuvo como respuesta un “Quiero ir despacio” o “Te tengo mucho cariño”, incluso “No eres sólo un rollo”. Pero, si eliminábamos las posibilidades… ¡No quedaba nada! No eran amigos, no eran un rollo, no eran un amor de verano, no eran novios. Lo último era lo que más odiaba. No eran novios. ¿Por qué? Ella sentía algo por él. Algo que no había sentido nunca por nadie. ¿Acaso no era recíproco? Nunca lo había dejado claro. Eso le jodía. Mucho.
                Estuvieron hablando prácticamente dos horas. Ininterrumpidas. Dos maravillosas horas, durante las que se sintió feliz. Lo difícil llegó luego, cuando se preguntó si era sano estar así: el día triste por no hablarle y las noches contenta por hacerlo. Le preguntó, por enésima vez, qué demonios significaba en su vida.
-Ya me lo has preguntado, escribió.
-Y sigo sin tener respuesta.
-¿Por qué quieres saberlo?
-Porque estoy pillada por ti y quiero ver si podríamos tener algo más.
-Acabo de salir de una relación y no estoy preparado.

                Ella tardó en contestar. Tenía un debate interno. Pero se le iluminó un camino: el de dejarle. Puede que no el más difícil, pero el que, a la larga, le causaría menos daño. Lo decidió. Y prometió mantenerlo. Se lo dijo. Se acabó. Ahora debía echar todo, toda la mierda que le metió en la cabeza, toda la mierda que le metió en el corazón. Pero en aquel instante, no sabía que había hecho lo mejor para ella. Porque era ella la que sufría… y no sufriría nunca más por él. Ya no estaba en la bola de demolición, su corazón ya no estaba hecho de paredes frágiles. Tomó las riendas y se sintió orgullosa de sí misma. Poco después, sus ojos se cerraron y se dejó llevar.

CAPITULO 4: No se admiten quejas.

Se levantaron de un salto. Se cambiaron de ropa, en más de una ocasión estuvieron a punto de acabar en el suelo. Paloma se puso una blusa blanca, vaporosa y una falda negra de tubo, como Hannah. Rebeca llevaba también esa falda de tubo negra pero varió de color de blusa: la suya era color salmón. Se precipitaron al baño, y cubrieron sus caras con una base de maquillaje nude, y sus pestañas con rímel negro intenso. Se calzaron los tacones saliendo por la puerta, salvo Rebeca que los metió en el bolso y llevó sandalias. Caminaban a paso ligero, las de los zapatos de tacón tropezaron más de una vez y soltaban una risotada ante la situación. Hannah, que ya pilló en truco a sus zapatos, se adelantó y movía el trasero cual modelo mientras andaba para divertir a sus amigas, que silbaban y la adulaban.
Bajaron las escaleras del metro casi rodando y corrieron por los pasillos. La gente las miraba expectantes, como si se fueran a caer y no quisieran perdérselo. El tren estaba en la estación por lo que hicieron el sprint final. No había asientos libres, por lo que se apoyaron en las barras. Rebeca empezó a reírse, burlándose de todo los que habían hecho durante el trayecto. Siempre embozaba una sonrisa.
Era una chica risueña, con el pelo de tres colores: rojizo puesto que el año anterior se lo tiñó de escarlata, rubio ya que se había hecho las famosas mechas californianas… pero de un rubio casi blanco, y de su color natural: castaño por que las raíces comenzaban a notarse. Tenía unos ojos redondos bastante grandes, pardos y unas pestañas muy largas. Era más alta que sus acompañantes, incluso que Lucas. Si se ponía tacones, los demás la reñían reprochándola que a su lado parecían más bajos. Pero, había que puntualizar, que no era demasiado alta: rozaba el metro setenta.
-¿No habría que avisar a Elisa?, preguntó.
-No importa, la esperamos fumando una cachimba, solucionó Paloma.

                Lucas no cesaba de bombardearlas a mensajes. ¡Qué pesado! No se podía quejar. Siempre era él quién llegaba tarde, una vez tuvieron que esperarle una hora entera. Para que luego se quejen de las chicas…

CAPITULO 3: Chatroulette anulado.


Cuando llegaron a casa de Rebeca, se encerraron en su cuarto.
-¿Por qué tienes activado el número oculto?, preguntó la anfitriona.
-¿Lo tengo activado? Pues no lo sabía…, respondió Paloma mirando su móvil.
-¿No lo quitaste desde que cenamos con la clase?, Hannah miró con cara de asombro. Ahí lo pusimos y le hicimos una broma a Lucas…
                Todas rieron, acordándose de aquella noche. Quedaron con toda su clase, uno de los últimos días de curso, para celebrar que habían pasado parte de la selectividad y que ya eran libres… hasta el año siguiente. Aquella noche, todos hablaron con todos, incluso invitaron a los profesores que les acompañaron en el viaje escolar a Carcassonne, cerca de Toulouse, eran como una gran familia. Justo después de la quedada, Hannah invitó a Paloma, Arya, Carlota y Rebeca e hicieron una fiesta de pijamas en su casa. El resto de los compañeros salieron de fiesta. En un punto de la noche, alguna propuso de gastarle una broma a Lucas, pues era con quien mejor se llevaban, y para ello activaron el número oculto del móvil de Paloma y llamaron desde él. La broma no resultó muy exitosa.
-¿Cuál es el plan hoy?
-Hemos quedado a las 9 en Sol con Lucas y Elisa. Y luego… no sé, lo que surja.
-Estoy de acuerdo, asintieron.
-Pues será mejor que empecemos a arreglarnos, tenemos que salir de aquí en un cuarto de hora… previno Rebeca.
-¡No nos va a dar tiempo!, soltó Hannah.
-Pues quedamos más tarde, concluyó Paloma.
                Llamó a Elisa, que no tuvo problema en quedar a esa hora puesto que aún estaba en pijama.
-Propongo arreglarnos ya, así ya estaremos preparadas para irnos, y hacemos un Chatroulette. A ver si hay suerte y encontramos un chico para Hannah, como te pasó a ti, Paloma.
                En mayo, antes de ir a la celebración del cumpleaños de Rebeca en una discoteca, Paloma fue a casa de ésta con el fin de arreglarse juntas. Como tenían tiempo, hicieron un Chatroulette, que consistía en meterse en una página web dónde se habla con webcam a gente aleatoria de todo el mundo. Se toparon con un chico llamado Manuel que terminó con el Whatsapp de Paloma. Llevaban hablando desde entonces, aunque nunca habían quedado. Aquel mismo día, Rebeca también acabó chateando con un amigo de Lucas, pero a la semana, ya no se hablaban.
                Poco tiempo después, los móviles de las chicas avisaron de que un mensaje les había llegado: Lucas ya estaba en Sol. Se habían olvidado de avisarle.

CAPITULO 2: El esperado encuentro.

Estaba frente al ordenador, escuchando música. Rebeca, recibió una llamada al móvil. Al ver que era un número oculto se sorprendió.
-¿Sí?
-Rebeca, al instante supo que se trataba de Paloma, nos hemos perdido… ¿Dónde estaba tu casa?
-¿Habéis salido ya del metro?
-Sí.
-Pues caminad en línea recta, les indicó, ahora voy a vuestro encuentro.
-¡Perfecto! Un beso.
-¡Hasta ahora!
                Cerró la pantalla del portátil, se calzó sus Vans y salió por la puerta, pero no sin antes avisar a su familia. Caminó dirección al metro. No pasaron ni tres minutos desde su salida, que ya se encontró con ellas. Corrió y las abrazó muy fuerte: no las había visto desde que empezó el verano.
-¡Hey! ¿Qué hay chicas?, preguntó entusiasmada. ¡No sabéis las ganas que tengo de salir esta noche!
-¡Y nosotras!, dijo Hannah.
-Ahora sólo falta que no nos pillen, añadió Paloma. Nunca había mentido así a mi madre.
-Ni yo.
-Bueno, no os preocupéis. Va a ser una noche perfecta. Aunque falta Arya.
                Arya era una chica discreta. Siempre sonriente, complaciente. Cabello castaño, algo aclarado por el sol, piel bronceada, bajita y con un vientre tan plano que quitaba el hipo. El piercing que se hizo unos meses antes era un gran valor añadido. Ojos chocolate y con pestañas casi siempre recubiertas por rímel.
-Está castigada, dijo Paloma.
-Por lo de…
                Sus dos amigas asintieron sincronizadas. ¡Qué mierda! ¡Por esa tontería!

                Unos días antes, Arya y Paloma se fueron de compras por el centro de Madrid. Entraron a una tienda en la que vieron un bonito anillo con el símbolo del infinito. ¿Su precio? 5 euros. Exagerado. Cogieron uno y se fueron al probador, dónde le quitaron la etiqueta y lo metieron en el bolso. Fueron a salir del local… pero el guardia de seguridad las paró. “-¿Qué vais a hacer con el anillo?” les preguntó. Aterradas confesaron su pequeño incidente. El encargado de la tienda, al recibir la noticia, las bajó a una especie de sótano y llamó a la policía. Cuando estos llegaron, intentaron convencerle de que no pusiera denuncia. ¡Eran sólo 5 euros! Pero el cabezota las denunció. Las llevaron a comisaría y llamaron a sus padres. Por únicamente 5 euros.

jueves, 19 de septiembre de 2013

CAPITULO 1: Perdidas.

-¿Vas a ponerte los tacones, verdad?, preguntó Paloma a Hannah.
                La interpelada asintió. Acababan de salir de la boca de Metro de Esperanza y caminaban en línea recta. Miraban a su alrededor intentando reconocer el entorno con el fin de no perderse.
-¿Sabes dónde queda la casa de Rebeca?, el acento mexicano de Hannah aún era fuerte, pero menos que antes.
                Hannah, a sus 16 años, era una chica ni muy alta ni muy baja, delgada, pelo castaño a juego con sus ojos, y liso que cubría casi hasta la mitad de su espalda. Una nariz respingona y una discreta sonrisa endulzaban su rostro. Llegó a Madrid unos años atrás del mismísimo México D.F. y, aunque nunca estaba sola, en la escuela le costó encontrar amigos de verdad. Ya no tenía ese problema pues se encontró en la misma clase que Paloma el año anterior. Ella coincidía con el tipo de amistad que buscaba. A día de hoy, eran inseparables.
-Eso creo, contestó la otra.
                Paloma, en cambio, era más alta, tenía unas piernas definidas marcadas por unos finos tobillos, siempre sonriente, lucía unos dientes perfectos, y sin haber llevado en ningún momento aparato. Unos ojos almendrados y marrones enmarcaban su cara y acentuaban su bronceado. Su pelo liso apenas llegaba a sus hombros, aunque hacía tan sólo una semana llegaba por debajo de los omóplatos.
                Ambas llevaban un atuendo discreto, intentando esconder su verdadera intención: salir de fiesta aquel viernes. Era el último fin de semana de las vacaciones de verano, y, cómo no, había que aprovecharlo. En sus bolsos escondían la verdadera ropa de salir, la cual se pondrían en casa de su amiga Rebeca.
                El inconveniente de aquel plan de divertirse se hubiera visto frustrado si no hubieran mentido a sus madres. Hannah le propuso a su madre de ir a casa de Paloma a dormir, la cual, sin sospechar nada la dejó, incluso la acercó a casa de la chica en cuestión. En el caso de ésta última, dijo que iba a dormir a casa de Elisa otra de sus amigas, pero que antes pasaban a recoger a Rebeca.

                Se pararon en una esquina y Paloma cogió su móvil. Se disponía a marcar el número de la chica, estaba totalmente perdida.