"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

sábado, 28 de septiembre de 2013

CAPITULO 10: Un lugar dónde dormir.

Se plantaron en el portal de casa de Paloma.
-Hay que bajar a por los sacos de dormir, dijo Hannah.
                Encendieron las luces y bajaron unas escaleras. En un rincón, estaba lo que buscaban. De repente las luces se apagaron.
-Vamos a morir, bromeó Lucas, que aunque no quería aparentarlo, estaba muy asustado.
                El sitio estaba muy oscuro y el hecho de que fuera un edificio viejo, lo hacía mucho más terrorífico. Paloma, se resolvió por encender la linterna del móvil. Todo un hito por su parte.
Cogieron lo que necesitaron y salieron intentando hacer el menor ruido. Justo al lado del portal, una puerta rodeada de verjas daba al esperado jardín. La anfitriona cayó en que no tenía las llaves. Mierda. ¿Qué iban a hacer sin lugar dónde dormir? ¿Volver al parque? Demasiados borrachos. ¿Ir a Sol? Demasiado tarde pues eran las 4 de la mañana. Paloma lideró el grupo y fue la primera en saltar la valla. Seguida de Hannah, de Rebeca y finalmente, Lucas. Había un pasillo que les llevaba a su ansiado destino, pero fue dar un paso y que se encendiera la luz con sensor de movimiento del edificio vecino. No debían llamar la atención por lo que se pegaron al muro que les separaba de aquel dichoso invento y pasaron. Parecían una especie de espías.
Por fin llegaron a la hierba. Que era más bien un descampado. El jardín tenía como límite una casa, cuyas ventanas daban justamente al paradero de los 4. Avanzaron más y un muro demasiado bajo les separaba de que les pillaran. Cada uno con un saco, los pusieron de tal manera a que el pequeño muro les sirviera como escondrijo. No podían hablar más que a susurros, ya que si hablaban más alto, despertarían a los vecinos. No les apetecía que les llamaran ocupas y trajeran a la policía.

                Eran las 4 de la mañana y les esperaba una larga “noche”.

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