Se plantaron en el portal de casa de Paloma.
-Hay que
bajar a por los sacos de dormir, dijo Hannah.
Encendieron las luces y bajaron unas
escaleras. En un rincón, estaba lo que buscaban. De repente las luces se
apagaron.
-Vamos a
morir, bromeó Lucas, que aunque no quería aparentarlo, estaba muy asustado.
El sitio estaba muy oscuro y el
hecho de que fuera un edificio viejo, lo hacía mucho más terrorífico. Paloma,
se resolvió por encender la linterna del móvil. Todo un hito por su parte.
Cogieron lo que necesitaron y salieron intentando hacer el menor
ruido. Justo al lado del portal, una puerta rodeada de verjas daba al esperado
jardín. La anfitriona cayó en que no tenía las llaves. Mierda. ¿Qué iban a
hacer sin lugar dónde dormir? ¿Volver al parque? Demasiados borrachos. ¿Ir a
Sol? Demasiado tarde pues eran las 4 de la mañana. Paloma lideró el grupo y fue
la primera en saltar la valla. Seguida de Hannah, de Rebeca y finalmente, Lucas.
Había un pasillo que les llevaba a su ansiado destino, pero fue dar un paso y
que se encendiera la luz con sensor de movimiento del edificio vecino. No debían
llamar la atención por lo que se pegaron al muro que les separaba de aquel
dichoso invento y pasaron. Parecían una especie de espías.
Por fin llegaron a la hierba. Que era más bien un descampado. El jardín
tenía como límite una casa, cuyas ventanas daban justamente al paradero de los
4. Avanzaron más y un muro demasiado bajo les separaba de que les pillaran. Cada
uno con un saco, los pusieron de tal manera a que el pequeño muro les sirviera
como escondrijo. No podían hablar más que a susurros, ya que si hablaban más
alto, despertarían a los vecinos. No les apetecía que les llamaran ocupas y
trajeran a la policía.
Eran las 4 de la
mañana y les esperaba una larga “noche”.
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