Paloma tuvo que despedirse de Manuel rápido: había quedado con Arya y Rebeca.
Aunque fue corta, un besó sirvió como despedida y selló la partida de ella.
Las tres amigas habían quedado cerca de casa de Rebeca, antes de
entrar en la boca de metro. La primera en llegar fue ésta, seguida de Arya y
Paloma. Rebeca, que era tan abierta con su madre en todo tipo de temas, se
encargó de traer un par de cócteles, preparados por su madre, escondidos en
cantimploras. Eran un Gintonic y un Malibú con piña, sus bebidas favoritas. Se sentaron
en un poyete que rodeaba los jardines y los degustaron. Mientras se los
terminaban, un hombre que hacía ejercicio se puso junto a las chicas y comenzó
a hacer abdominales, emitiendo gemidos un tanto malinterpretables. Intentaron contener
la risa, por respeto a aquel personaje. Cuando éste se fue, soltaron las
carcajadas acumuladas seguidas de una demostración por parte de Paloma. Siguieron
riéndose incluso ya en el metro.
Por fin llegadas a Atocha, se aventuraron a la discoteca. Lo único que
encontraron fueron unos niñatos malcriados y chicas demasiado ligeras de ropa. Ellas
se dedicaron a bailar. Unos cuantos se atrevieron a pedir besos, mas no los
consiguieron.
Mientras bailaban, un chico, alto fuerte y algo borracho se acercó a
Paloma y no la dejó más remedio que bailar con él. Cuando éste se empezó a
acercar peligrosamente a ella, sus amigas tuvieron que intervenir. La agarraron
por los brazos y se la llevaron al baño. El chico las siguió pero terminó
dándose por vencido. La rescatada no cesó de agradecérselo a las chicas. ¿Qué
harían las unas sin las otras?