"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

sábado, 16 de noviembre de 2013

CAPITULO 20: Gemidos inquietantes.

Paloma tuvo que despedirse de Manuel rápido: había quedado con Arya y Rebeca. Aunque fue corta, un besó sirvió como despedida y selló la partida de ella.
Las tres amigas habían quedado cerca de casa de Rebeca, antes de entrar en la boca de metro. La primera en llegar fue ésta, seguida de Arya y Paloma. Rebeca, que era tan abierta con su madre en todo tipo de temas, se encargó de traer un par de cócteles, preparados por su madre, escondidos en cantimploras. Eran un Gintonic y un Malibú con piña, sus bebidas favoritas. Se sentaron en un poyete que rodeaba los jardines y los degustaron. Mientras se los terminaban, un hombre que hacía ejercicio se puso junto a las chicas y comenzó a hacer abdominales, emitiendo gemidos un tanto malinterpretables. Intentaron contener la risa, por respeto a aquel personaje. Cuando éste se fue, soltaron las carcajadas acumuladas seguidas de una demostración por parte de Paloma. Siguieron riéndose incluso ya en el metro.
Por fin llegadas a Atocha, se aventuraron a la discoteca. Lo único que encontraron fueron unos niñatos malcriados y chicas demasiado ligeras de ropa. Ellas se dedicaron a bailar. Unos cuantos se atrevieron a pedir besos, mas no los consiguieron.

Mientras bailaban, un chico, alto fuerte y algo borracho se acercó a Paloma y no la dejó más remedio que bailar con él. Cuando éste se empezó a acercar peligrosamente a ella, sus amigas tuvieron que intervenir. La agarraron por los brazos y se la llevaron al baño. El chico las siguió pero terminó dándose por vencido. La rescatada no cesó de agradecérselo a las chicas. ¿Qué harían las unas sin las otras?

CAPITULO 19: El chico de tres dimensiones.

Pasó una semana y las chicas no cesaron de hablar de aquella noche. Fue increíble y la llevaban esperando tanto tiempo… sin duda alguna, la espera mereció la pena. Cuando por fin llegó el fin de semana, Paloma no perdió más el tiempo y quedó con el chico que ocupaba su mente desde antes del verano. Manuel. Llevaban hablando seis meses por chat pero nunca habían llegado a verse en persona. Él vivía lejos de ella, pero aquel sábado por fin acortarían distancias. Paloma estaba bastante nerviosa. ¡Era el chico que le gustaba! Quedaron en un parque, no muy lejos de casa de ella, pero aquello no impidió que llegara tarde. Le vio, aquel chico que tan sólo conocía de dos dimensiones pasó a la realidad. Su realidad. Estaba sentado en un banco y sonrió nada más verla. Se sentaron, y siguieron sentados durante horas hablando. Tan sólo hablando. Resultaba agradable, y era muy divertido: siempre tenía tema de conversación. No cerró la boca durante toda la cita, mas a ella no le importaba ya que solía ser muy tímida con la gente que no conocía. Aprendió más de él en persona que en meses de Whatsapp, y aquello la confortó. El chico era tan alto como ella, con brazos muy musculosos, entre rubio y castaño y con ojos castaños enmarcados con unas cejas perfiladas. Ni él ni ella perdían la sonrisa, por fin se conocían.

A medida que cogía confianza, Paloma comenzó a soltar esos chistes, tan típicos de ella, que siempre hacían reír a sus amigas. Tuvo la confianza de mostrarse tal como era y a él pareció encantarle. Un chico divertido y encantador que, sin duda, le gustaba su personalidad. Parecía que algo bonito iba a salir de aquello.

domingo, 3 de noviembre de 2013

CAPITULO 18: Fin de una noche mágica

                Rebeca se despidió del chico con la escusa de que era una noche para estar con sus amigas.
-¿Por qué no te has liado con él?, exclamó Paloma.
-¡Soy la imposible!, respondió con una sonrisa.
                Las chicas rieron por el comentario. Fueron directas a la pista de baile y se movieron como si no hubiera un mañana. De repente sonó el tema “So What” de P!nk. La motivación de Hannah y Rebeca fue máxima. Se llamaban “esposa” entre ellas, por un juego que comenzaron el año anterior.
-Esposita, empezó la mexicana, esta será nuestra canción. ¡A Geofredo le encanta!
                Geofredo era el nombre que le iban a poner a sus hijos. Lo decidieron en deporte, cuando un chico nuevo llamó su atención. Recordaron un día que fueron al cine las dos. Hannah con su novio de entonces y Rebeca con el amigo del novio. Fueron a ver la última película del buenorro de Tom Cruise y, para su sorpresa, había un actor idéntico pero con 70 años más. Se empezaron a reír como locas en la sala, mientras los espectadores las miraban confusos. Era el momento más tenso de la película. Pero ellas seguían mientras los acompañantes se preguntaban qué había de gracioso en ello.
                Cuando la canción terminó, no podían estar más acaloradas, pero siguieron bailando hasta que terminó la velada.

                Se prometieron, al principio, que iban a ser señoritas por un día, pero la cosa se torció y no pudieron dejar de ser ellas mismas ni por un instante. Las tonterías, las locuras, las risas y los bailes patéticos estuvieron presentes durante toda la noche. Fue la mejor noche de sus vidas… por el momento.