Estaban dormidos.
Hacía tiempo que no se levantaban tan pronto. Pero era el principio. El principio
del fin. En efecto, comenzaron las clases. La última vez que pisaban ese
instituto para iniciar un curso. Paloma, Hannah, Arya, Elisa, Gadea y Rebeca
habían quedado un poco antes de que las clases empezaran para hablar. Rebeca abrazó
a Arya. La había echado mucho de menos, no la veía hacía dos meses. Se contaron
rápido el verano.
-Chicas,
empezó Hannah, ¿Os apetece que después de las clases vayamos al 100 Montaditos
a comer?
Todas asintieron a excepción de
Gadea y Elisa. Gadea era una chica pelirroja, blanca y muy divertida. Tenía una
nariz perfilada y unos ojos avellana que la hacían parecer más seria, pero
siempre iba acompañada de una gran sonrisa y de carcajadas. Tenía novio: Víctor.
Llevaban juntos casi nueve meses, pero el inconveniente era que él vivía en
otra ciudad, por lo que no podían verse cuando querían. Pero estaban muy
contentos el uno con el otro, incluso se habían ido de vacaciones juntos. Hablaban
a todas horas por todas las redes sociales imaginables. Hacían muy buena
pareja, eso no podían discutirlo.
Llegó la hora de ir a clase. En primer
lugar, corrieron hacia las listas de clases. ¡Estaban todas en la misma! Incluso
con Lucas. A continuación, fueron a las aulas. Su profesora de economía les
inspiraba terror. Era una mujer muy seria, tenía una mirada acusadora, nada que
ver con su profesor del año pasado: un hombre tan alto como bueno, tanto, que
le tomaban el pelo. Aunque pensaron que esta vez, se tomarían la economía en
serio, y eso, sin duda les ayudaría a la hora de pasar la selectividad.
Terminaron las presentaciones. Era
la una y tenían hambre. Se despidieron de Gadea y Elisa y fueron a comer
acompañadas de Lucas, que siempre estaba dispuesto a salir.
Arya y Paloma no se hablaban. Desde
el maldito incidente de los 5 €. Cuando fueron a dar el pedido, Arya y Rebeca
tuvieron ocasión de hablar. Le contó que había roto con Sergio, en un arrebato
de razón. Rebeca la apoyó, y se sintió orgullosa de ella. No sabía si hubiera
estado en la misma situación que ella habría tenido l necesario para hacer eso.
Lo admiraba.
Volvieron a las mesas con las
jarras de sangría y se incorporaron en la conversación. De repente, Paloma dio
los regalos que ella y Ara compraron en Londres: Una camiseta de YOLO para Rebeca
y un peluche de un yorkshire para Hannah, ya que era como su perrita: Tuna. Rebeca,
nada más tuvo el regalo, fue al baño a ponerse la camiseta. Le encantaba. Además,
Arya y Paloma la conocían tan bien, que fue verla y decir: “Para Rebeca”.
Arya se fue cuando terminaron de
comer, al igual que Lucas y las demás siguieron con su pequeña aventura a un
parque que había no muy lejos de allí.