"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

sábado, 1 de febrero de 2014

Capítulo 21: Los ídolos de Youtube.

Cuando salieron de la discoteca se dirigieron al primer 100 Montaditos que encontraron. Hicieron los pedidos, cenaron como reinas y se quedaron charlando con una jarra de sangría en la mano. Rebeca levantó la cabeza y se quedó patidifusa, boquiabierta, impresionada. Con un hilo de voz dijo unos cuantos nombres que no llegaban a comprender Arya y Paloma:
-Alexby…Mangel… Cheeto…, hizo una pausa dramática y soltó un último nombre, Rubius.
                En aquel momento, Paloma cogió su bolso y salió del local, buscando desesperadamente a las personas que correspondían con los nombres que Rebeca acababa de nombrar. Le encontró, encontró a Rubius, el youtuber favorito de las chicas. Fue directamente a hablar con él y a pedirle una foto. Él, tan sonriente como siempre, no dudó en aceptar. Paloma y Rebeca tuvieron pues un recuerdo para la posteridad. Le preguntó su nombre a Rebeca y ella respondió sin demora. Él añadió:
-Vaya nombre, ¿Eres rusa?

                Ella rió y se lo volvió a repetir. Terminó por comprenderlo. Cuando ya se iba ésta encontró el valor perdido antes y le preguntó por sus amigos también de YouTube. Al final, obtuvo una foto con cada uno de sus ídolos de internet. Se despidieron y emprendieron el camino de vuelta a casa.

sábado, 16 de noviembre de 2013

CAPITULO 20: Gemidos inquietantes.

Paloma tuvo que despedirse de Manuel rápido: había quedado con Arya y Rebeca. Aunque fue corta, un besó sirvió como despedida y selló la partida de ella.
Las tres amigas habían quedado cerca de casa de Rebeca, antes de entrar en la boca de metro. La primera en llegar fue ésta, seguida de Arya y Paloma. Rebeca, que era tan abierta con su madre en todo tipo de temas, se encargó de traer un par de cócteles, preparados por su madre, escondidos en cantimploras. Eran un Gintonic y un Malibú con piña, sus bebidas favoritas. Se sentaron en un poyete que rodeaba los jardines y los degustaron. Mientras se los terminaban, un hombre que hacía ejercicio se puso junto a las chicas y comenzó a hacer abdominales, emitiendo gemidos un tanto malinterpretables. Intentaron contener la risa, por respeto a aquel personaje. Cuando éste se fue, soltaron las carcajadas acumuladas seguidas de una demostración por parte de Paloma. Siguieron riéndose incluso ya en el metro.
Por fin llegadas a Atocha, se aventuraron a la discoteca. Lo único que encontraron fueron unos niñatos malcriados y chicas demasiado ligeras de ropa. Ellas se dedicaron a bailar. Unos cuantos se atrevieron a pedir besos, mas no los consiguieron.

Mientras bailaban, un chico, alto fuerte y algo borracho se acercó a Paloma y no la dejó más remedio que bailar con él. Cuando éste se empezó a acercar peligrosamente a ella, sus amigas tuvieron que intervenir. La agarraron por los brazos y se la llevaron al baño. El chico las siguió pero terminó dándose por vencido. La rescatada no cesó de agradecérselo a las chicas. ¿Qué harían las unas sin las otras?

CAPITULO 19: El chico de tres dimensiones.

Pasó una semana y las chicas no cesaron de hablar de aquella noche. Fue increíble y la llevaban esperando tanto tiempo… sin duda alguna, la espera mereció la pena. Cuando por fin llegó el fin de semana, Paloma no perdió más el tiempo y quedó con el chico que ocupaba su mente desde antes del verano. Manuel. Llevaban hablando seis meses por chat pero nunca habían llegado a verse en persona. Él vivía lejos de ella, pero aquel sábado por fin acortarían distancias. Paloma estaba bastante nerviosa. ¡Era el chico que le gustaba! Quedaron en un parque, no muy lejos de casa de ella, pero aquello no impidió que llegara tarde. Le vio, aquel chico que tan sólo conocía de dos dimensiones pasó a la realidad. Su realidad. Estaba sentado en un banco y sonrió nada más verla. Se sentaron, y siguieron sentados durante horas hablando. Tan sólo hablando. Resultaba agradable, y era muy divertido: siempre tenía tema de conversación. No cerró la boca durante toda la cita, mas a ella no le importaba ya que solía ser muy tímida con la gente que no conocía. Aprendió más de él en persona que en meses de Whatsapp, y aquello la confortó. El chico era tan alto como ella, con brazos muy musculosos, entre rubio y castaño y con ojos castaños enmarcados con unas cejas perfiladas. Ni él ni ella perdían la sonrisa, por fin se conocían.

A medida que cogía confianza, Paloma comenzó a soltar esos chistes, tan típicos de ella, que siempre hacían reír a sus amigas. Tuvo la confianza de mostrarse tal como era y a él pareció encantarle. Un chico divertido y encantador que, sin duda, le gustaba su personalidad. Parecía que algo bonito iba a salir de aquello.

domingo, 3 de noviembre de 2013

CAPITULO 18: Fin de una noche mágica

                Rebeca se despidió del chico con la escusa de que era una noche para estar con sus amigas.
-¿Por qué no te has liado con él?, exclamó Paloma.
-¡Soy la imposible!, respondió con una sonrisa.
                Las chicas rieron por el comentario. Fueron directas a la pista de baile y se movieron como si no hubiera un mañana. De repente sonó el tema “So What” de P!nk. La motivación de Hannah y Rebeca fue máxima. Se llamaban “esposa” entre ellas, por un juego que comenzaron el año anterior.
-Esposita, empezó la mexicana, esta será nuestra canción. ¡A Geofredo le encanta!
                Geofredo era el nombre que le iban a poner a sus hijos. Lo decidieron en deporte, cuando un chico nuevo llamó su atención. Recordaron un día que fueron al cine las dos. Hannah con su novio de entonces y Rebeca con el amigo del novio. Fueron a ver la última película del buenorro de Tom Cruise y, para su sorpresa, había un actor idéntico pero con 70 años más. Se empezaron a reír como locas en la sala, mientras los espectadores las miraban confusos. Era el momento más tenso de la película. Pero ellas seguían mientras los acompañantes se preguntaban qué había de gracioso en ello.
                Cuando la canción terminó, no podían estar más acaloradas, pero siguieron bailando hasta que terminó la velada.

                Se prometieron, al principio, que iban a ser señoritas por un día, pero la cosa se torció y no pudieron dejar de ser ellas mismas ni por un instante. Las tonterías, las locuras, las risas y los bailes patéticos estuvieron presentes durante toda la noche. Fue la mejor noche de sus vidas… por el momento.

domingo, 6 de octubre de 2013

CAPITULO 17: Las amigas bailonas siempre al acecho.

Era el baile inaugural, de la homenajeada y su padre: un vals. Bailaron durante unos minutos bajo la mirada expectante los invitados. Se le unieron la madre y el hermano, luego el resto de la familia. Manolo agarró por la cintura a Rebeca y la sacó a la pista de baile. Como ella no tenía ni idea de cómo bailar un vals, dejó que la aconsejara. Al poco tiempo, ya bailaban, aparentando ser veteranos. Se percataron de que las chicas aún seguían sentadas en el sofá de la sala, esperando sus príncipes. Se pusieron de acuerdo y Rebeca cedió su pareja a Arya, y poco tiempo después, ya bailaban todas. Hablaban con sus parejas, reían… hasta que acabó el baile.
                El DJ hizo un recorrido por  toda la música de las últimas décadas, pasando por ABBA a Paquito el Chocolatero, hasta llegar a uno de los temas favoritos de las cuatro chicas. La motivación les invadió y, al instante, ya bailaban como energúmenas, riendo y fingiendo un micrófono entre las manos.
                Después, la sed les invadió. Pidieron bebidas con alcohol, para animarse un poco más. Se les subió demasiado. Se sentían como en una nube. Un chico se acercó a Rebeca y empezó a bailar con ella. Una canción lenta les dio la oportunidad de hablar y conocerse. Se llamaba Alejandro Lagos, todo el mundo le llamaba Lagos. Era el mejor amigo de unas amigas de ella. Habían coincidido ya en alguna que otra fiesta que había organizado su amigo Hugo.
                Salieron a la terraza. Se acomodaron en unas sillas, pero poco después ella se encontraba recostada sobre su pecho. Rebeca le había advertido que no iba a conseguir nada de ella. “Caerás antes de que acabe la noche”, le había respondido él. Ingenuo, no la conocía.
-Creo que tus amigas nos están espiando, dijo él mientras acariciaba su brazo.

                Se giró. Y efectivamente, las tres chicas estaban al acecho. Vigilando la situación. Dispuestas a interrumpir si aquello subía de tono. Soltó una carcajada.

jueves, 3 de octubre de 2013

CAPITULO 16: La puesta de largo.

-Mamá, me tengo que ir, dijo Rebeca en más de una ocasión. Paloma me está esperando abajo, en el coche.
                Cogió una chaqueta y se dirigió a la puerta, no sin antes regalarle una última sonrisa a la cámara. Bajó lo más rápido que pudo y, por fin, se sentó en el coche de la madre de Paloma. En la invitación ponía explícitamente que no llegaran tarde, si no, se perderían la cena. Iban a la puesta de largo de Estefanía, una amiga que llevaba planeando aquello desde hacía años. Debían llevar vestido largo, que no fuera ni blanco ni negro.
                Era sábado. Un sábado lluvioso en Madrid. Al rededor de las 9 y media de la noche. Llevaban esperando aquella noche mucho tiempo. Tenían los vestidos desde hacía muchísimo… en el caso de Arya, Rebeca y Hannah. Para Paloma fue el último que se probó: un precioso vestido rosa, con un corte en la mitad de la falda, tirantes que se enredaban entorno al cuello y con el corpiño drapeado. El de Rebeca, era lila, palabra de honor, al más puro estilo griego. Aquel día había ido a la peluquería y le habían hecho un recogido con trenzas y un discreto moño. Llegaron a la fiesta. No conocían a nadie, esperaban que Hannah y Arya llegaran pronto. Saludaron a la anfitriona y se presentaron a los demás invitados. Al final, las chicas llegaron. Arya con un vestido rosa palo que se había comprado en Londres: palabra de honor, sencillo y elegante. Llevaba un fular por los hombros y una trenza a un lado. Tenía el pelo tan largo que el recogido le alcanzaba la cadera. Hannah, llevaba un vestido de raso, azul marino con tirantes en el cuello y drapeado por el corsé. También llevaba un fular por encima. Iban todas muy guapas y tenían la esperanza de conocer a alguien aquella noche.
                Comenzaron a pasear pequeñas raciones de comida. “Serán los entrantes” se pensaron ellas. Tras reservarse lo máximo posible para la cena, descubrieron que aquella comida que habían dejado pasar era la cena. Corriendo, desesperadas por los rugidos de sus estómagos y perdiendo todo el glamour, se abalanzaron sobre los restos de las raciones y lo acompañaron de un par de jarras de su aclamado tinto de verano.
                Mientras, un chico se acercó a Rebeca, que lo reconoció enseguida: era Manolo, el chico que se le declaró hacía dos años y con quien iba a clase. Se cambió de instituto por su amor a la música. Arya y ella le saludaron, como viejos amigos, Hannah y Paloma se escaparon con el fin de terminar de llenar sus tripas.
-Rebeca, dijo Manolo, ¿Tienes pareja esta noche? Me refiero para bailar.
-Sí, Arya.
-Me refiero masculino.
-Ah, no.
-Pues ya lo tienes.
                Poco después abrieron la discoteca. Rebeca y él entraron de la mano, como en los bailes de la corte. Les daba igual lo que pensaran, lo único que buscaban era pasarlo bien.


miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPITULO 15: Primer día del último año.

Estaban dormidos. Hacía tiempo que no se levantaban tan pronto. Pero era el principio. El principio del fin. En efecto, comenzaron las clases. La última vez que pisaban ese instituto para iniciar un curso. Paloma, Hannah, Arya, Elisa, Gadea y Rebeca habían quedado un poco antes de que las clases empezaran para hablar. Rebeca abrazó a Arya. La había echado mucho de menos, no la veía hacía dos meses. Se contaron rápido el verano.
-Chicas, empezó Hannah, ¿Os apetece que después de las clases vayamos al 100 Montaditos a comer?
                Todas asintieron a excepción de Gadea y Elisa. Gadea era una chica pelirroja, blanca y muy divertida. Tenía una nariz perfilada y unos ojos avellana que la hacían parecer más seria, pero siempre iba acompañada de una gran sonrisa y de carcajadas. Tenía novio: Víctor. Llevaban juntos casi nueve meses, pero el inconveniente era que él vivía en otra ciudad, por lo que no podían verse cuando querían. Pero estaban muy contentos el uno con el otro, incluso se habían ido de vacaciones juntos. Hablaban a todas horas por todas las redes sociales imaginables. Hacían muy buena pareja, eso no podían discutirlo.
                Llegó la hora de ir a clase. En primer lugar, corrieron hacia las listas de clases. ¡Estaban todas en la misma! Incluso con Lucas. A continuación, fueron a las aulas. Su profesora de economía les inspiraba terror. Era una mujer muy seria, tenía una mirada acusadora, nada que ver con su profesor del año pasado: un hombre tan alto como bueno, tanto, que le tomaban el pelo. Aunque pensaron que esta vez, se tomarían la economía en serio, y eso, sin duda les ayudaría a la hora de pasar la selectividad.
                Terminaron las presentaciones. Era la una y tenían hambre. Se despidieron de Gadea y Elisa y fueron a comer acompañadas de Lucas, que siempre estaba dispuesto a salir.
                Arya y Paloma no se hablaban. Desde el maldito incidente de los 5 €. Cuando fueron a dar el pedido, Arya y Rebeca tuvieron ocasión de hablar. Le contó que había roto con Sergio, en un arrebato de razón. Rebeca la apoyó, y se sintió orgullosa de ella. No sabía si hubiera estado en la misma situación que ella habría tenido l necesario para hacer eso. Lo admiraba.
                Volvieron a las mesas con las jarras de sangría y se incorporaron en la conversación. De repente, Paloma dio los regalos que ella y Ara compraron en Londres: Una camiseta de YOLO para Rebeca y un peluche de un yorkshire para Hannah, ya que era como su perrita: Tuna. Rebeca, nada más tuvo el regalo, fue al baño a ponerse la camiseta. Le encantaba. Además, Arya y Paloma la conocían tan bien, que fue verla y decir: “Para Rebeca”.

                Arya se fue cuando terminaron de comer, al igual que Lucas y las demás siguieron con su pequeña aventura a un parque que había no muy lejos de allí.