Se acomodaron
poniendo dos sacos de dormir abiertos de base y los otros restantes de manta. No
se habían dado cuenta del frío que hacía esa noche hasta que se tumbaron. Los únicos
que no lo sintieron fueron Lucas y Hannah, que se habían tumbado el uno al lado
del otro y se cogieron de la mano. Luego, ella apoyó su cabeza sobre el pecho
del chico y se quedaron así gran parte de la noche. De vez en cuando, se
detectaba algún movimiento extraño y Paloma lo sufría la primera: estaba junto
a los dos tortolitos. Más de una vez levantó la manta, vigilando lo que hacían
aquellos dos, para evitar cualquier tipo de trauma.
Rebeca, intentando entretenerse,
estuvo haciendo preguntas a su amiga sobre el verano. Así, por lo menos, su
atención no se centraba en las acciones de los otros. Esa noche se sinceraron
la una con la otra, como en años anteriores. Rebeca la había echado mucho de
menos durante estos meses.
Hannah estaba feliz. Se estaba
tan bien, ahí. No sentía el frío, que más de una vez señalaron los demás. Era cómodo
y cariñoso. La acariciaba sin cesar, suavemente. No hubo palabras durante esos
momentos. Oía las voces lejanas de sus amigas, pero se concentraba en la
respiración de su acompañante. Y pensar que podría ser así, si tuvieran una
relación. Luchaba por ella, pero Lucas no ponía de su parte, y eso, entre otras
cosas, la frenaba o, incluso, la echaba para atrás. Pero buscaba la faceta de
novio en aquel chico, y por fin, aquella noche, la encontró. Era perfecto. Abrazados
en un jardín, en plena noche. Sólo existían ellos dos. Y, pensar que podría ser
así todos los días. Por muy egoísta que fuera, siempre tenía una sonrisa en la
cara. Era sensible y romántico cuando se lo proponía. Sería un buen novio.
Eran las 6 de la mañana, y
todavía no había amanecido. Algo que les resultó extraña a todos los presentes.
Terminaron por echar una cabezada, de cómo mucho media hora. Cuando abrieron
los ojos, el cielo ya estaba bastante más claro, pero no había ni rastro del
sol. Se quedaron hablando otro rato, esta vez, todos con todos. La sesión de
mimos había prescrito.
Sobre las 8 y cuarto, se
levantaron, recogieron el campamento, lo dejaron dónde lo había cogido.
-Podemos ir
al Dunkin Donuts, está aquí al lado.
Fueron dando un paseo. El fresco de la mañana les hacía preguntarse
por qué demonios no se había cogido una chaqueta antes de salir de casa.
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