"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

domingo, 29 de septiembre de 2013

CAPITULO 11: Una noche movidita.

Se acomodaron poniendo dos sacos de dormir abiertos de base y los otros restantes de manta. No se habían dado cuenta del frío que hacía esa noche hasta que se tumbaron. Los únicos que no lo sintieron fueron Lucas y Hannah, que se habían tumbado el uno al lado del otro y se cogieron de la mano. Luego, ella apoyó su cabeza sobre el pecho del chico y se quedaron así gran parte de la noche. De vez en cuando, se detectaba algún movimiento extraño y Paloma lo sufría la primera: estaba junto a los dos tortolitos. Más de una vez levantó la manta, vigilando lo que hacían aquellos dos, para evitar cualquier tipo de trauma.
                Rebeca, intentando entretenerse, estuvo haciendo preguntas a su amiga sobre el verano. Así, por lo menos, su atención no se centraba en las acciones de los otros. Esa noche se sinceraron la una con la otra, como en años anteriores. Rebeca la había echado mucho de menos durante estos meses.
                Hannah estaba feliz. Se estaba tan bien, ahí. No sentía el frío, que más de una vez señalaron los demás. Era cómodo y cariñoso. La acariciaba sin cesar, suavemente. No hubo palabras durante esos momentos. Oía las voces lejanas de sus amigas, pero se concentraba en la respiración de su acompañante. Y pensar que podría ser así, si tuvieran una relación. Luchaba por ella, pero Lucas no ponía de su parte, y eso, entre otras cosas, la frenaba o, incluso, la echaba para atrás. Pero buscaba la faceta de novio en aquel chico, y por fin, aquella noche, la encontró. Era perfecto. Abrazados en un jardín, en plena noche. Sólo existían ellos dos. Y, pensar que podría ser así todos los días. Por muy egoísta que fuera, siempre tenía una sonrisa en la cara. Era sensible y romántico cuando se lo proponía. Sería un buen novio.
                Eran las 6 de la mañana, y todavía no había amanecido. Algo que les resultó extraña a todos los presentes. Terminaron por echar una cabezada, de cómo mucho media hora. Cuando abrieron los ojos, el cielo ya estaba bastante más claro, pero no había ni rastro del sol. Se quedaron hablando otro rato, esta vez, todos con todos. La sesión de mimos había prescrito.
                Sobre las 8 y cuarto, se levantaron, recogieron el campamento, lo dejaron dónde lo había cogido.
-Podemos ir al Dunkin Donuts, está aquí al lado.

Fueron dando un paseo. El fresco de la mañana les hacía preguntarse por qué demonios no se había cogido una chaqueta antes de salir de casa.

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