Estaba
frente al ordenador, escuchando música. Rebeca, recibió una llamada al móvil.
Al ver que era un número oculto se sorprendió.
-¿Sí?
-Rebeca, al
instante supo que se trataba de Paloma, nos hemos perdido… ¿Dónde estaba tu
casa?
-¿Habéis salido
ya del metro?
-Sí.
-Pues
caminad en línea recta, les indicó, ahora voy a vuestro encuentro.
-¡Perfecto!
Un beso.
-¡Hasta
ahora!
Cerró la pantalla del portátil,
se calzó sus Vans y salió por la puerta, pero no sin antes avisar a su familia.
Caminó dirección al metro. No pasaron ni tres minutos desde su salida, que ya
se encontró con ellas. Corrió y las abrazó muy fuerte: no las había visto desde
que empezó el verano.
-¡Hey! ¿Qué
hay chicas?, preguntó entusiasmada. ¡No sabéis las ganas que tengo de salir
esta noche!
-¡Y
nosotras!, dijo Hannah.
-Ahora sólo
falta que no nos pillen, añadió Paloma. Nunca había mentido así a mi madre.
-Ni yo.
-Bueno, no
os preocupéis. Va a ser una noche perfecta. Aunque falta Arya.
Arya era una chica discreta.
Siempre sonriente, complaciente. Cabello castaño, algo aclarado por el sol,
piel bronceada, bajita y con un vientre tan plano que quitaba el hipo. El
piercing que se hizo unos meses antes era un gran valor añadido. Ojos chocolate
y con pestañas casi siempre recubiertas por rímel.
-Está
castigada, dijo Paloma.
-Por lo de…
Sus dos amigas asintieron
sincronizadas. ¡Qué mierda! ¡Por esa tontería!
Unos días antes, Arya y Paloma
se fueron de compras por el centro de Madrid. Entraron a una tienda en la que
vieron un bonito anillo con el símbolo del infinito. ¿Su precio? 5 euros.
Exagerado. Cogieron uno y se fueron al probador, dónde le quitaron la etiqueta
y lo metieron en el bolso. Fueron a salir del local… pero el guardia de
seguridad las paró. “-¿Qué vais a hacer con el anillo?” les preguntó. Aterradas
confesaron su pequeño incidente. El encargado de la tienda, al recibir la
noticia, las bajó a una especie de sótano y llamó a la policía. Cuando estos
llegaron, intentaron convencerle de que no pusiera denuncia. ¡Eran sólo 5
euros! Pero el cabezota las denunció. Las llevaron a comisaría y llamaron a sus
padres. Por únicamente 5 euros.
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