"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

lunes, 23 de septiembre de 2013

CAPITULO 7: Alcohol.

Se acomodaron en el único sitio que quedó libre. Estaba lleno, no cabía ni un solo alfiler. Pidieron la cerveza prometida. Como era un vaso enorme, tuvieron que beber con pajitas. Hicieron retos para ver quién aguantaba más bebiendo. Cuando comenzaron, el líquido hacía que les ardiera la garganta y fueron cayendo: en primer lugar Hannah, que no era muy dada a beber, después Elisa, que tampoco ingería mucho alcohol, luego Paloma puesto que la garganta comenzó a quemarle, a continuación Rebeca, que después de los primeros tragos no sentía la garganta, y por último y proclamado vencedor de la noche, Lucas. La cerveza empezó a subirles muy rápido a la cabeza. Sentían que el simple acto de ponerse en pie era toda una tarea. Paloma y Rebeca se enfrentaron a esa pequeña dificultad y fueron a buscar los chupitos.
-¡De vodka negro!, exigió Rebeca.
                Paloma no le convenció la idea, ni al grupo cuando los llevaron a la mesa. Pero cambiaron de opinión en cuanto se los bebieron de un trago. Sabor dulce y más suave que los demás licores, entraba fácilmente por lo que podría ser traicionero.
                Rebeca descubrió ese néctar de los dioses, cuando se fue con su amiga Flama a Cádiz. Salían prácticamente todas las noches y, en una de éstas, les sugirieron chupitos de vodka negro. Quedaron encantadas y a partir de aquella noche, siempre lo pedían. Hacía tan sólo unos días de su regreso, les gustó tanto el viaje que Flama y ella prometieron repetirlo el año que viene. Esperaban que se llenara más de gente de su edad, especialmente de chicos, puesto que cada vez que salían a la playa, con el fin de hacer nuevas amistades, tan sólo encontraban jubilados. Aunque Rebeca conoció a alguien…
                Se levantaron del sitio como pudieron y se marcharon del local. Decidieron seguir hacia Alonso Martínez, para ver si había suerte y les invitaban a otra ronda. Todos los presentes se sentían mareados, se sentaron en unos bancos que encontraron y se relajaron. La calle estaba en absoluto silencio. Rebeca decidió revelarles lo que ocurrió en Cádiz. El alcohol era para ella una especie de suero de la verdad.
-¿Sabéis qué? Conocí a alguien en Cádiz. Se llama Roberto.

                Sus amigas no entendían a qué se debía esa repentina confesión pero no la interrumpieron.

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