"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

domingo, 22 de septiembre de 2013

CAPITULO 4: No se admiten quejas.

Se levantaron de un salto. Se cambiaron de ropa, en más de una ocasión estuvieron a punto de acabar en el suelo. Paloma se puso una blusa blanca, vaporosa y una falda negra de tubo, como Hannah. Rebeca llevaba también esa falda de tubo negra pero varió de color de blusa: la suya era color salmón. Se precipitaron al baño, y cubrieron sus caras con una base de maquillaje nude, y sus pestañas con rímel negro intenso. Se calzaron los tacones saliendo por la puerta, salvo Rebeca que los metió en el bolso y llevó sandalias. Caminaban a paso ligero, las de los zapatos de tacón tropezaron más de una vez y soltaban una risotada ante la situación. Hannah, que ya pilló en truco a sus zapatos, se adelantó y movía el trasero cual modelo mientras andaba para divertir a sus amigas, que silbaban y la adulaban.
Bajaron las escaleras del metro casi rodando y corrieron por los pasillos. La gente las miraba expectantes, como si se fueran a caer y no quisieran perdérselo. El tren estaba en la estación por lo que hicieron el sprint final. No había asientos libres, por lo que se apoyaron en las barras. Rebeca empezó a reírse, burlándose de todo los que habían hecho durante el trayecto. Siempre embozaba una sonrisa.
Era una chica risueña, con el pelo de tres colores: rojizo puesto que el año anterior se lo tiñó de escarlata, rubio ya que se había hecho las famosas mechas californianas… pero de un rubio casi blanco, y de su color natural: castaño por que las raíces comenzaban a notarse. Tenía unos ojos redondos bastante grandes, pardos y unas pestañas muy largas. Era más alta que sus acompañantes, incluso que Lucas. Si se ponía tacones, los demás la reñían reprochándola que a su lado parecían más bajos. Pero, había que puntualizar, que no era demasiado alta: rozaba el metro setenta.
-¿No habría que avisar a Elisa?, preguntó.
-No importa, la esperamos fumando una cachimba, solucionó Paloma.

                Lucas no cesaba de bombardearlas a mensajes. ¡Qué pesado! No se podía quejar. Siempre era él quién llegaba tarde, una vez tuvieron que esperarle una hora entera. Para que luego se quejen de las chicas…

No hay comentarios:

Publicar un comentario