-¿Vas a
ponerte los tacones, verdad?, preguntó Paloma a Hannah.
La interpelada asintió. Acababan
de salir de la boca de Metro de Esperanza y caminaban en línea recta. Miraban a
su alrededor intentando reconocer el entorno con el fin de no perderse.
-¿Sabes
dónde queda la casa de Rebeca?, el acento mexicano de Hannah aún era fuerte,
pero menos que antes.
Hannah, a sus 16 años, era una
chica ni muy alta ni muy baja, delgada, pelo castaño a juego con sus ojos, y
liso que cubría casi hasta la mitad de su espalda. Una nariz respingona y una
discreta sonrisa endulzaban su rostro. Llegó a Madrid unos años atrás del
mismísimo México D.F. y, aunque nunca estaba sola, en la escuela le costó
encontrar amigos de verdad. Ya no tenía ese problema pues se encontró en la
misma clase que Paloma el año anterior. Ella coincidía con el tipo de amistad
que buscaba. A día de hoy, eran inseparables.
-Eso creo,
contestó la otra.
Paloma, en cambio, era más alta,
tenía unas piernas definidas marcadas por unos finos tobillos, siempre
sonriente, lucía unos dientes perfectos, y sin haber llevado en ningún momento
aparato. Unos ojos almendrados y marrones enmarcaban su cara y acentuaban su
bronceado. Su pelo liso apenas llegaba a sus hombros, aunque hacía tan sólo una
semana llegaba por debajo de los omóplatos.
Ambas llevaban un atuendo
discreto, intentando esconder su verdadera intención: salir de fiesta aquel viernes.
Era el último fin de semana de las vacaciones de verano, y, cómo no, había que
aprovecharlo. En sus bolsos escondían la verdadera ropa de salir, la cual se
pondrían en casa de su amiga Rebeca.
El inconveniente de aquel plan
de divertirse se hubiera visto frustrado si no hubieran mentido a sus madres.
Hannah le propuso a su madre de ir a casa de Paloma a dormir, la cual, sin
sospechar nada la dejó, incluso la acercó a casa de la chica en cuestión. En el
caso de ésta última, dijo que iba a dormir a casa de Elisa otra de sus amigas,
pero que antes pasaban a recoger a Rebeca.
Se pararon en una esquina y
Paloma cogió su móvil. Se disponía a marcar el número de la chica, estaba
totalmente perdida.
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