"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

domingo, 6 de octubre de 2013

CAPITULO 17: Las amigas bailonas siempre al acecho.

Era el baile inaugural, de la homenajeada y su padre: un vals. Bailaron durante unos minutos bajo la mirada expectante los invitados. Se le unieron la madre y el hermano, luego el resto de la familia. Manolo agarró por la cintura a Rebeca y la sacó a la pista de baile. Como ella no tenía ni idea de cómo bailar un vals, dejó que la aconsejara. Al poco tiempo, ya bailaban, aparentando ser veteranos. Se percataron de que las chicas aún seguían sentadas en el sofá de la sala, esperando sus príncipes. Se pusieron de acuerdo y Rebeca cedió su pareja a Arya, y poco tiempo después, ya bailaban todas. Hablaban con sus parejas, reían… hasta que acabó el baile.
                El DJ hizo un recorrido por  toda la música de las últimas décadas, pasando por ABBA a Paquito el Chocolatero, hasta llegar a uno de los temas favoritos de las cuatro chicas. La motivación les invadió y, al instante, ya bailaban como energúmenas, riendo y fingiendo un micrófono entre las manos.
                Después, la sed les invadió. Pidieron bebidas con alcohol, para animarse un poco más. Se les subió demasiado. Se sentían como en una nube. Un chico se acercó a Rebeca y empezó a bailar con ella. Una canción lenta les dio la oportunidad de hablar y conocerse. Se llamaba Alejandro Lagos, todo el mundo le llamaba Lagos. Era el mejor amigo de unas amigas de ella. Habían coincidido ya en alguna que otra fiesta que había organizado su amigo Hugo.
                Salieron a la terraza. Se acomodaron en unas sillas, pero poco después ella se encontraba recostada sobre su pecho. Rebeca le había advertido que no iba a conseguir nada de ella. “Caerás antes de que acabe la noche”, le había respondido él. Ingenuo, no la conocía.
-Creo que tus amigas nos están espiando, dijo él mientras acariciaba su brazo.

                Se giró. Y efectivamente, las tres chicas estaban al acecho. Vigilando la situación. Dispuestas a interrumpir si aquello subía de tono. Soltó una carcajada.

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