-¿Se puede
saber que estáis haciendo aquí?, preguntó finalmente.
-¡Sorpresa!,
se limitaron a decir.
No se esperaba aquello para
nada. Había dormido un buen rato… hasta que sus amigas le despertaron. Además tenía
que forrar los libros de texto, pronto volverían al instituto. Como no tenía
nada que ofrecerles, les propuso ir al chino, a por algo de beber, y de paso, a
por forros para los libros. Esos condenados libros que recordaban cada vez que
se veían que el verano estaba acabado. Anduvieron un rato hasta llegar. Se llenaron
de provisiones y regresaron a su casa. Allí, les esperaba ansioso el perro de
Lucas: Ogif. Era un Golden Retriever color blanco crudo, de lo más cariñoso. Recordó
que debía sacarlo a pasear y las chicas no tuvieron el menor reparo en acompañarle.
Se llevaron lo comprado y disfrutaron de un agradable paseo. Paloma intentó que
se repitiera lo de la última noche que quedaron, pero Lucas no parecía estar
por la labor de colaborar.
-No me puedo
creer que el verano se esté acabando, dijo Paloma.
-¡Ni yo! Fue
muy corto. Me da flojera volver a la escuela. ¡Y encima para nuestro último año!
No me lo creo, contestó Hannah.
-Yo me voy
de cabeza al paro, añadió Lucas. No voy a aprobar el SAT, ni me van a coger en
ninguna universidad en Estados Unidos...
-Te recuerdo
que la universidad Yale está interesada en ti.
-Lo estaba. Últimamente
estoy perdiendo todos los partidos de tenis… ellos sólo quieren a los mejores. Seguro
que me quitan la beca.
Estaba un poco deprimido. Su vida
se había centrado en el tenis. Es cierto que sacaba buenas notas durante el
curso, pero a la hora de los exámenes importantes como la selectividad, sus
notas con suerte rozaban el aprobado.
-Si a ti no
te cogen en Estados Unidos, a mí no me cogen ni de coña en Londres, dijo Paloma
para animarle.
-Ni a mí en
Francia, replicó Hannah.
Era cierto que ese año tendrían
que elegir sus futuros. Pero no estaban preparados. Sentían que el agua le
llegaba al cuello. No se veían lo suficientemente mayores como para entrar en
la universidad, ni siquiera en el último curso. Cuando eran pequeños, soñaban
con el último curso. Se imaginaban mayores, maduros, listos para todo lo que
les echaran… mas no era así. Pero debían coger el toro por los cuernos. Por ellos
mismos. Por su futuro.
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