"Los amigos conocen tus historias, los mejores amigos las viven contigo."
"Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan, sé que algún día todo esto serán anécdotas, pero ahora mismo estamos vivos y en este instante somos infinitos."
"Todo ocurre por una razón."
"Don't let dreams just be dreams"
"Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo"

jueves, 3 de octubre de 2013

CAPITULO 16: La puesta de largo.

-Mamá, me tengo que ir, dijo Rebeca en más de una ocasión. Paloma me está esperando abajo, en el coche.
                Cogió una chaqueta y se dirigió a la puerta, no sin antes regalarle una última sonrisa a la cámara. Bajó lo más rápido que pudo y, por fin, se sentó en el coche de la madre de Paloma. En la invitación ponía explícitamente que no llegaran tarde, si no, se perderían la cena. Iban a la puesta de largo de Estefanía, una amiga que llevaba planeando aquello desde hacía años. Debían llevar vestido largo, que no fuera ni blanco ni negro.
                Era sábado. Un sábado lluvioso en Madrid. Al rededor de las 9 y media de la noche. Llevaban esperando aquella noche mucho tiempo. Tenían los vestidos desde hacía muchísimo… en el caso de Arya, Rebeca y Hannah. Para Paloma fue el último que se probó: un precioso vestido rosa, con un corte en la mitad de la falda, tirantes que se enredaban entorno al cuello y con el corpiño drapeado. El de Rebeca, era lila, palabra de honor, al más puro estilo griego. Aquel día había ido a la peluquería y le habían hecho un recogido con trenzas y un discreto moño. Llegaron a la fiesta. No conocían a nadie, esperaban que Hannah y Arya llegaran pronto. Saludaron a la anfitriona y se presentaron a los demás invitados. Al final, las chicas llegaron. Arya con un vestido rosa palo que se había comprado en Londres: palabra de honor, sencillo y elegante. Llevaba un fular por los hombros y una trenza a un lado. Tenía el pelo tan largo que el recogido le alcanzaba la cadera. Hannah, llevaba un vestido de raso, azul marino con tirantes en el cuello y drapeado por el corsé. También llevaba un fular por encima. Iban todas muy guapas y tenían la esperanza de conocer a alguien aquella noche.
                Comenzaron a pasear pequeñas raciones de comida. “Serán los entrantes” se pensaron ellas. Tras reservarse lo máximo posible para la cena, descubrieron que aquella comida que habían dejado pasar era la cena. Corriendo, desesperadas por los rugidos de sus estómagos y perdiendo todo el glamour, se abalanzaron sobre los restos de las raciones y lo acompañaron de un par de jarras de su aclamado tinto de verano.
                Mientras, un chico se acercó a Rebeca, que lo reconoció enseguida: era Manolo, el chico que se le declaró hacía dos años y con quien iba a clase. Se cambió de instituto por su amor a la música. Arya y ella le saludaron, como viejos amigos, Hannah y Paloma se escaparon con el fin de terminar de llenar sus tripas.
-Rebeca, dijo Manolo, ¿Tienes pareja esta noche? Me refiero para bailar.
-Sí, Arya.
-Me refiero masculino.
-Ah, no.
-Pues ya lo tienes.
                Poco después abrieron la discoteca. Rebeca y él entraron de la mano, como en los bailes de la corte. Les daba igual lo que pensaran, lo único que buscaban era pasarlo bien.


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