Pasó una
semana y las chicas no cesaron de hablar de aquella noche. Fue increíble y la
llevaban esperando tanto tiempo… sin duda alguna, la espera mereció la pena.
Cuando por fin llegó el fin de semana, Paloma no perdió más el tiempo y quedó
con el chico que ocupaba su mente desde antes del verano. Manuel. Llevaban hablando
seis meses por chat pero nunca habían llegado a verse en persona. Él vivía
lejos de ella, pero aquel sábado por fin acortarían distancias. Paloma estaba
bastante nerviosa. ¡Era el chico que le gustaba! Quedaron en un parque, no muy
lejos de casa de ella, pero aquello no impidió que llegara tarde. Le vio, aquel
chico que tan sólo conocía de dos dimensiones pasó a la realidad. Su realidad. Estaba
sentado en un banco y sonrió nada más verla. Se sentaron, y siguieron sentados
durante horas hablando. Tan sólo hablando. Resultaba agradable, y era muy
divertido: siempre tenía tema de conversación. No cerró la boca durante toda la
cita, mas a ella no le importaba ya que solía ser muy tímida con la gente que
no conocía. Aprendió más de él en persona que en meses de Whatsapp, y aquello
la confortó. El chico era tan alto como ella, con brazos muy musculosos, entre
rubio y castaño y con ojos castaños enmarcados con unas cejas perfiladas. Ni él
ni ella perdían la sonrisa, por fin se conocían.
A medida que cogía confianza, Paloma comenzó a soltar esos chistes,
tan típicos de ella, que siempre hacían reír a sus amigas. Tuvo la confianza de
mostrarse tal como era y a él pareció encantarle. Un chico divertido y
encantador que, sin duda, le gustaba su personalidad. Parecía que algo bonito
iba a salir de aquello.
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